Había una época donde la comida rápida no existía y en las familias no había otra cosa que hacer sino hablar. Existía una tradición según la cual la conversación familiar era la columna vertebral de la familia.

Hoy, si preguntamos a un joven acerca de la conversación en casa, seguramente diría algo así como “creo que los temas que me interesan, no son de interés para ellos y por eso no me esfuerzo por tener una buena conversación en casa”.

Seguramente los padres asumiremos el mismo papel de víctimas y responderíamos que «los temas que queremos charlar con ellos no les interesan y por eso se limitan a escaparse al dispositivo móvil y a conversar con sus amigos virtuales o digitales».

Observamos como estos asuntos pasan por nuestro frente y quizá en nuestras sesiones introspectivas las meditamos, pero ¿hacemos algo al respecto?. La realidad es que el lenguaje es un poderoso generador de realidades de allí la necesidad de buscar esas rendijas para crear oportunidades de conversación en la familia.

Estamos en un entorno donde se hace necesario reinventar una tipología nueva de la conversación familiar. El entorno complicado de coexistencia brutal también toca a la familia y ya no es ese remanso de paz donde nos refugiamos del estrés del mundo. A veces hasta parece que no ese sitio donde podemos relajarnos y sentirnos libres.

Y es que entre los mensajes de whatsapp, las redes sociales, la tv por cable y el “streaming” ya en la familia no nos queda tiempo para tener conversaciones de verdad, conversaciones que trasciendan.

La conclusión entonces parece obvia, las interferencias en el diálogo hacen que ya no tenga interés en escuchar lo que dicen los más cercanos. Parece que somos más felices cuando hablamos con extraños que con personas que ya conozco. Estamos ante un problema de conversación.

La pregunta subyace en muchos de los padres de hoy ¿Hay solución para esto?. La realidad es que es una iniciativa importante que como padres debemos tener. A partir de allí es debemos hacerla realidad y posibilitarla. Por eso, repetimos, la importancia de generar conversaciones.

La visión de conversaciones trascendentales es que esto lo debemos provocar, desde nuestro rol de padres y desde nuestro propósito familiar. Aplicar herramientas para aprender a observar desde el ser y así generar cambios que permitan crear oportunidades para la incorporación de la conversación como un valor en la familia.

Esa es la veta de oro que debemos encontrar, un reto emocionante para una conversación trascendental.

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